martes, 27 de diciembre de 2011

Desolación

Junio 12, 2011

Se despertó por la noche. Se encontraba empapado en sudor y respirando con ansiedad. Sentía una profunda sensación de tristeza y desolación. Miro a su alrededor y no logró vislumbrar cosa alguna, ¿qué buscaba? Trató de encender la luz pero esta no prendió. Tanteó el suelo con los pies para encontrar sus zapatos. Los encontró. Se los puso. Salió de su habitación y busco compañía por toda la morada. No encontró a alguien. Estaba vacía. La sensación de tristeza y desolación desapareció para dar paso a un miedo que se apoderó de todo su ser. Salió a la calle. La noche era oscura y solitaria. No se veía estrella alguna en el firmamento. La luna iluminaba la escena con una tenue luz mortecina que le daba un aire de melancolía. Comenzó a caminar en dirección contraria a la morada en la que se encontraba hace unos momentos. No sabía a dónde ir. Solo buscaba un poco de compañía para sobrepasar el miedo que sentía en su corazón. Caminó. Caminó…siguió caminando. Miró atrás y no alcanzó a ver la morada de la que había salido. ¿Cuánto habré caminado? No se sentía cansado a pesar del gran trecho que había recorrido. ¿No llegaré a ningún lugar? Pensó en regresar, trató de hacerlo cuando reparó en que estaba desorientado. ¿Y ahora qué hago? El pánico lo invadió y comenzó a correr desesperadamente. Corrió por un tiempo. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no se había movido del lugar. ¿O sí? Miró a todos lados con inquietud, buscando algo que le indicará que existía. Que estaba vivo. No lo encontró. Se sintió completamente abatido. Poco a poco iba perdiendo las fuerzas para sostenerse. Finalmente se desplomó. Cayó. Cayó. Nunca dejo de caer. Abrió los ojos para ver el fondo del abismo. Nunca lo vio… El sol iluminaba su habitación. Miro en torno a ella. Ahí estaban su guardarropa, su computadora, sus tenis…



Cuetzpalomitl

jueves, 28 de julio de 2011

Lo último que supe de E...

Dicen que lo habían visto queriéndose matar con un machete, ¡exacto! un machete, imagínense que brutalidad, debió haber estado desesperado. Aún hoy me pregunto que lo orilló a pensar que su única salida era la muerte.


La noticia llego a mí de manera fortuita, estaba con unos amigos en la canchas, echando la reta cuando escuchamos el rumor de que E… había muerto. -¡Ah chinga! debe ser otro E…- me dije. No le tomamos importancia, al cabo creímos que era un rumor; sin embargo te quedas con esa incertidumbre, ese malestar de no estar seguro de las cosas que te oprime el corazón y te mantiene intranquilo. Por la noche no pude conciliar el sueño y decidí investigar la veracidad del rumor a primera hora del día. Me levanté muy temprano, había dormido poco y el alba me sorprendió despierto. Me vestí unos pantalones de mezclilla viejos, una playera roja ya muy percudida, calcé mis tenis y salí de mi casa a toda prisa en busca de mis amigos. Encontré despierto a R…, ya me esperaba, se sentía abrumado por la idea de que el rumor fuera cierto. Me invito a desayunar mientras llegaban E… y G… Él ya había hablado con ellos, juntos buscaríamos a la familia de E… para corroborar lo que habíamos escuchado.

Después de caminar un buen rato llegamos a la casa de los padres de E… agotados. Llamamos a la puerta, no contestaron. Insistimos un rato. Nunca salieron. En ese momento flaquearon mis rodillas y pensé lo peor.


E… llevaba medio año viviendo con sus abuelos en Sa…, sino estaban sus padres ahí seguramente estarían allá, lo cual indicaba que: o lo estarían visitando o, en el peor de los casos, estarían en su velorio. Entonces decidimos ir a ver a su tío M…, quien vivía cerca de ahí, en una casa que antes fuera del padre de E… Llegamos a la morada y preguntamos por el señor M… Salió y se dirigió a nosotros lentamente. Tenía una expresión de tristeza en el rostro y en ese instante supe la verdad.


Al día siguiente emprendimos el viaje a Sa… En el fondo de nuestro corazón, muy en el fondo queríamos creer que todo era una broma de muy mal gusto. Esperábamos llegar, ver a E…, contarle lo ocurrido, cagarnos de risa y quedarnos algunos días con él. Salimos de la central del norte con rumbo a Sa…, no de forma directa sino que hicimos varias paradas antes de llegar a nuestro destino principal. Y debo decir que ese viaje fue memorable, digno de ser contado, sin embargo por falta de espacio me remitiré a contar lo que ocurrió cuando llegamos a Sa…, no obstante en algún otro momento les contaré las andanzas que vivimos y los pesares que sufrimos durante ese trayecto. Visitamos, mal de grado, la magnífica ciudad de Ma…, pasamos rápidamente por la esplendorosa ciudad de Qu…, tierra de hombres ilustres. Pero bueno, esa será otra historia.


Llegamos al atardecer, veníamos risa y risa por las calles de Sa… rumbo a la casa de M…, la abuela de E… Estábamos por llegar, solo faltaba virar en la siguiente esquina a la derecha y caminar media cuadra. Hasta ese momento aun queríamos creer que todo era mentira, una vil mentira. Creía conocer a E… y jamás me hubiera imaginado que haría algo así, era algo impensable. Al dar la vuelta en la esquina vimos gente congregada afuera de la casa de M…, la escena tenía un deje de melancolía. Súbitamente se nos borró la sonrisa de los labios, sentí un vuelco en el corazón y confirme lo que ya sabía. Seguimos caminando en silencio hasta llegar a la morada, anochecía, se estaba llevando a cabo el velorio. Reconocí a L…, la hermana de E…, tenía el rostro bañado en lagrimas, la mayor parte de la gente reunida lo tenía así. Saludamos silenciosamente; no sabíamos que decir, nos quedamos mudos. El padre de E… correspondió nuestro saludó y agradeció que hubiéramos ido. Su madre sollozaba lastimeramente. Me acerqué a ella, no me atreví a mirarla a los ojos, besé su mejilla y la estreché en mis brazos unos momentos. Me agradeció con un gesto.


Una terrible sensación de soledad invadió mi corazón, quería llorar pero las lágrimas no brotaban. Efectivamente E… estaba muerto. Muerto. Jamás lo volvería a ver. Él era un buen amigo.



Cuetzpalomitl